sábado, 12 de mayo de 2018

HASTA SIEMPRE OBISPO MICHELE

VÍDEO HOMENAJE A MONS. MICHELE CASTORO

Con este vídeo homenaje desde nuestro Grupo de Oración, queremos recordar la figura de quien ha sido Director General de la Asociación Internacional de los Grupos de Oración de Padre Pío, Obispo Michele Castoro, fallecido este pasado día 5 de mayo.

Querido Obispo Michele, ruegue al Padre por toda esta gran la familia de Grupos de Padre Pío, nosotros desde aquí le recordamos y rezamos por su eterno descanso.
La Celebración de la Misa de Exequias fue presidida este pasado lunes día 7 de mayo en San Giovanni Rotondo, por el Secretario de Estado del Vaticano, Mons. Pietro Parolin, enviado por el Papa Francisco.

Descanse en la Paz del Señor. Hasta siempre Obispo Michele

sábado, 17 de marzo de 2018

VISITA PASTORAL DEL PAPA FRANCISCO A PIETRELCINA Y SAN GIOVANNI ROTONDO

En el centenario de la aparición de los estigmas y 50 aniversaro de la muerte de san Pío de Pietrelcina.
Homilía del Santo Padre

De las lecturas bíblicas que hemos escuchado, quisiera tomar tres palabras: oración, pequeñez, sabiduría.

Oración. El Evangelio de hoy nos presenta a Jesús que reza. De su corazón fluyen estas palabras: “Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra …” (Mt 11:25). Para Jesús, la oración surgía espontáneamente, pero no era un optional: solía retirarse a lugares desiertos para rezar (véase Mc 1,35); el diálogo con el Padre ocupaba el primer lugar. Y los discípulos descubrieron así, de manera natural, lo importante que era la oración, hasta que un día le preguntaron: “Señor, enséñanos a orar” (Lc 11, 1). Si queremos imitar a Jesús, comencemos desde donde comenzaba Él, es decir, desde la oración.
Podemos preguntarnos: ¿Nosotros, los cristianos rezamos lo suficiente? A menudo, en el momento de rezar, nos vienen a la mente tantas excusas, tantas cosas urgentes por hacer … Otras veces, se deja de lado la oración porque somos presa de un activismo que no concluye en nada cuando se olvida “la parte mejor ” (Lc) 10.42), cuando olvidamos que sin Él no podemos hacer nada (véase Jn 15, 5) y dejamos de lado la oración.San Pío, cincuenta años después de su partida al Cielo, nos ayuda, porque quiso dejarnos en herencia la oración. Recomendaba: “Rezad mucho, hijos míos, rezad siempre, sin cansaos nunca” .(Palabras en la II Conferencia Internacional de Grupos de Oración, 5 de mayo de 1966).

Jesús en el Evangelio también nos muestra cómo orar. En primer lugar dice: “Te bendigo, Padre”; no empieza diciendo “necesito esto y aquello”, sino diciendo “Te bendigo”. No conocemos al Padre sin abrirnos a la alabanza, sin dedicarle tiempo solo a Él, sin adorar. ¡Cuánto nos hemos olvidado de la oración de adoración, de la oración de alabanza! Tenemos que reanudarla. Cada uno puede preguntarse ¿Cómo adoro yo? ¿Cuándo adoro yo? ¿Cuándo adoro a Dios? Reanudar la oración de adoración y de alabanza. Es el contacto personal, de tú a tú, el estar en silencio ante el Señor el secreto para entrar cada vez más en comunión con Él. La oración puede nacer como una petición, incluso de intervención urgente, pero madura en la alabanza y en la adoración. Oración madura. Entonces se vuelve verdaderamente personal, como para Jesús, que luego dialoga libremente con el Padre: “Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito” (Mt 11,26). Y así, en un diálogo libre y confiado, la oración se carga de toda la vida y la presenta ante Dios.
Entonces preguntémonos: ¿nuestras oraciones se parecen a las de Jesús o se reducen a llamadas de emergencia ocasionales? “ Necesito esto”, y entonces voy corriendo a rezar. Y cuando no lo necesitas ¿qué haces? ¿O las usamos como tranquilizantes que deben tomarse en dosis regulares para aliviar el estrés? No, la oración es un gesto de amor, es estar con Dios y llevarle la vida del mundo: es una obra indispensable de misericordia espiritual. Y si nosotros no confiamos los hermanos, las situaciones al Señor, ¿quién lo hará? ¿Quién intercederá, quién se preocupará de llamar al corazón de Dios para abrir la puerta de la misericordia a la humanidad necesitada? Para ello el Padre Pio nos dejó los grupos de oración. Y les dijo: “Es la oración, esta fuerza unida de todas las almas buenas, la que mueve el mundo, que renueva las conciencias, […] que sana a los enfermos, que santifica el trabajo, que eleva la atención médica, que da fuerza moral […], que difunde la sonrisa y la bendición de Dios sobre cada languidez y debilidad “(ibid.). Custodiemos estas palabras y preguntémonos de nuevo: ¿rezo? Y cuando rezo, ¿sé alabar, sé adorar, sé llevar mi vida y la de toda la gente ante Dios?

Segunda palabra: Pequeñez. En el Evangelio, Jesús alaba al Padre porque ha revelado los misterios de su Reino a los pequeños. ¿Quiénes son estos pequeños, que saben cómo acoger los secretos de Dios? Los pequeños son aquellos que necesitan a los grandes, que no son autosuficientes, que no creen que pueden bastarse a sí mismos. Pequeños son aquellos que tienen el corazón humilde y abierto, pobre y necesitado, que sienten la necesidad de orar, de confiarse y de dejarse acompañar. El corazón de estos pequeños es como una antena, capta la señal de Dios, inmediatamente, se da cuenta enseguida. Porque Dios busca el contacto con todos, pero el que se hace grande crea una interferencia enorme, no llega el deseo de Dios: Cuando uno está lleno de sí mismo, no hay lugar para Dios. Por lo tanto, Él prefiere a los pequeños, se revela a ellos, y la forma de encontrarse con Él es abajarse, encogerse dentro, reconocerse necesitado. El misterio de Jesucristo es misterio de pequeñez: Él se abajó, se aniquiló. El misterio de Jesús como vemos en la hostia en cada misa, es un misterio de pequeñez: de amor humilde, y solo se puede comprender siendo pequeño y frecuentando a los pequeños.
Y ahora podemos preguntarnos: ¿sabemos cómo buscar a Dios allí dónde está? Aquí hay un santuario especial donde está presente, porque hay tantos de los pequeños que Él prefiere. San Pío lo llamó ” templo de oración y ciencia”, donde todos están llamados a ser “reservas de amor” para los demás (Discurso por el 1er aniversario de la inauguración, 5 de mayo de 1957): es la Casa Sollievo della Sofferenza. En el enfermo se encuentra Jesús, y en el amoroso cuidado de aquellos que se inclinan sobre las heridas del prójimo, está el camino para encontrar a Jesús. Quien cuida a los niños está del lado de Dios y vence a la cultura del descarte, que, por el contrario, prefiere a los poderosos y considera inútiles a los pobres. Los que prefieren a los pequeños proclaman una profecía de vida contra los profetas de muerte de todos los tiempos, también de hoy, que descartan a la gente, descartan a los niños, a los ancianos, porque no sirven. De pequeño, en la escuela, nos enseñaban la historia de los espartanos. A mí siempre me llamaba la atención lo que nos decía la maestra, que cuando nacía un niño o una niña con malformaciones lo llevaban a la cima del monte y lo arrojaban desde allí para que no hubiera niños como ellos. Nosotros, los niños, decíamos : “¡Pero que crueldad!”. Hermanos y hermanas, nosotros hacemos lo mismo, con más crueldad, con más ciencia. Lo que no sirve, lo que no produce, se descarta. Esta es la cultura del descarte; hoy no se quiere a los pequeños. Por eso Jesús se deja de lado.

Finalmente, la tercera palabra. En la primera lectura, Dios dice: “No se jacten los sabios de su sabiduría, no se jacte el fuerte de su fuerza” (Jer 9:22). La verdadera sabiduría no estriba en tener grandes cualidades y la verdadera fuerza no está en la potencia. Los que se muestran fuertes y los que responden al mal con el mal no son sabios. La única arma sabia e invencible es la caridad animada por la fe, porque tiene el poder de desarmar a las fuerzas del mal. San Pío luchó contra el mal durante toda su vida y luchó con sabiduría, como el Señor: con humildad, con obediencia, con la cruz, ofreciendo el dolor por amor. Y todos están admirados; pero pocos hacen lo mismo. Todos hablan bien, pero ¿cuántos imitan? Muchos están dispuestos a poner un “me gusta” en la página de los grandes santos, pero ¿quién hace cómo ellos? Porque la vida cristiana no es un “me gusta”;es un “me doy”. La vida perfuma cuando se ofrece como un don; se vuelve insípido cuando se guarda para uno mismo.

Yen la primera lectura, Dios también explica de dónde sacar la sabiduría de la vida: “El que quiere gloriarse, que se gloríe […] de conocerme” (v.23). Conocerle, es decir encontrarlo, como Dios que salva y perdona: este es el camino de la sabiduría. En el Evangelio, Jesús reafirma: “Venid a mí todos los que estáis cansados ​​y oprimidos” (Mt 11,28). ¿Quién de nosotros puede sentirse excluido de la invitación? ¿Quién puede decir: “No lo necesito”? San Pío ofreció su vida y sus innumerables sufrimientos para hacer que los hermanos se encontrasen con el Señor. Y el medio decisivo para encontrarlo era la Confesión, el sacramento de la Reconciliación. Allí comienza y recomienza una vida sabia, amada y perdonada, allí comienza la curación del corazón. El Padre Pio fue un apóstol del confesionario. También hoy nos invita allí; él nos dice: “¿Dónde vas? ¿Dónde Jesús o dónde tu tristeza? ¿A dónde vuelves? ¿A quién te salva o a tu abatimiento, a tus remordimientos, a tus pecados? Ven, ven, el Señor te está esperando. Coraje, no existe un motivo tan grave como para excluirte de su misericordia “.
Los grupos de oración, los enfermos de la Casa Sollievo, el confesionario; tres signos visibles que nos recuerdan tres preciosos legados: la oración, la pequeñez y la sabiduría de la vida. Pidamos la gracia de cultivarlos todos los días.

sábado, 17 de febrero de 2018

CUARESMA CAMINO HACIA LA PASCUA

REFLEXIÓN DEL P. GUSTAVO SEIVANE, 
Asistente espiritual de los Grupos de Oraciòn de Padre Pio en Argentina, designado por la Conferencia Episcopal.
Hay Tentador. Y el Tentador no duerme, antes, nos enseña el Apóstol Pedro, ronda “como león rugiente buscando a quien devorar”.

Y porque hay Tentador hay tentaciones. El Tentador, procura desviarnos, apartarnos de Dios, arrebatarnos la felicidad en Cristo, ensuciarnos, bestializarnos, entibiarnos, volvernos indignos, superficiales, enemigos de la razón y de la belleza. Nos quiere laboriosos constructores de un mundo sin metas trascendentes, amigos de la confusión y el error, del olvido de Cristo y de su obra redentora.

San Pablo lo llama al adversario “dios de este mundo”, y Nuestro Señor Jesucristo lo declara“Príncipe de este mundo”. Príncipe porque en el principia la rebelión contra el Dios verdadero y Trascendente, y “dios”porque su inicial intención es la de imperar en este mundo, dominando, y esclavizando a la raza humana. Incitando a la insurrección, al alzamiento, a la indiferencia, a la sublevación contra el Señor. Lo mueve el odio a Cristo, y a su Iglesia.

El adversario es experto en el arte del engaño. Y trabaja con sus legiones sin descanso. Promoverá una vida autónoma, al margen de Dios, sin más ley que la del capricho, haciendo pasar lo bueno por malo y lo malo por bueno, rociando de mentiras sus promesas, alejando de la verdad, oscureciendo el más allá, insistiendo en gastar todas las fuerzas para sólo esta vida, negando la Palabra salvadora de Jesús.

Bien lo dijo Pedro: ¿Adónde iremos Señor, sólo tú tienes palabras de Vida eterna”. Y el Señor, Nuestro hermoso Jesucristo, para que nos afirmemos en lo inmutable, nos sigue diciendo: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma?

Por eso, no se trata de construir puentes para reunirnos con un mundo en el que opera su Príncipe pervertidor, sino de anunciar a Cristo siguiéndolo como camino, Verdad, y Vida, levantando el estandarte de su victoria sobre el mal, siendo signo de contradicción, antes que un integrado políticamente correcto al mundo globalizado.

La cuaresma es un tiempo privilegiado, distinguido, favorable para la purificación que renueva, para la conversión que santifica, para la comprensión de los misterios de Cristo, que son los misterios que nos dieron nueva Vida.

Tiempo de ejercicio. De entrenamiento. De preparación a la Pascua. Pascua que cada año es figura y prenda de la resurrección final, y que celebramos como Iglesia, participando del misterio sacrificial del Señor, que al decir de San Pablo: “Me amó y se entregó por mí”.
Nuestras cuaresmas y semanas santas ya no tiñen de sagrado tono la sociedad, ni culturalmente son atendidas como antaño. Aún entre católicos se ha ido perdiendo el santo recogimiento, la conciencia de la gloria de ser cristianos, y aún el debido y santo respeto que envuelven los Misterios de Cristo y su Redención.

Son fuertes los embates del mundo, los desórdenes que se propagan, las perversiones que se aprueban, los datos que se arrojan masivamente por todos los medios para saquear los principios virtuosos, la fe católica, la belleza como resplandor de lo bueno y verdadero.
¿Quién puede propiciar el relativismo en todos los campos, sino el enemigo de lo absoluto, de lo inmutable, de lo perenne, de lo que ordena, sana, y salva a los hombres?

La Cuaresma llega para que oremos más, y hagamos mejores exámenes de conciencia, y santa penitencia, y ejerzamos la misericordia, en una dinámica en la que tanto nos vayamos sanando de engaños y vicios, como haciéndonos fuertes en el Señor. Y Cristo será servido, y glorificado entonces. Porque su voluntad es nuestra santificación.

Jesucristo ayunó durante 40 días. Este ayuno, retirado en el desierto, y con la ronda y tentación diabólica sobre él, no es sino una preparación. Jesucristo se preparó para su misión. Se preparó con un ayuno extremo. El ayuno que favorece la hondura de la oración, y la manifestación de la voluntad divina.

Es tentado, porque el adversario duda. Duda porque carece de la ciencia de Dios. Porque no posee la gracia de Dios que permite reconocer a Cristo como el Señor. No está seguro el enemigo. Entonces, husmea. Tienta. Quiere hacerlo pecar, porque tanto sospecha acerca de su divina condición, como desconoce que Cristo es impecable.

El Señor, a pesar, del poderío que muestra el demonio, nos enseña a vencerlo con la Palabra de Dios. “Cristo vence las tres tentaciones con el arma de la Escritura”, dice el Padre Castellani.
Jesucristo no discute con el enemigo. La Verdad no dialoga con el mentiroso. Lo aleja con su humildad. Lo derrota con su Luz.

Querer ser como Dios fue su caída. Y sigue siendo esa su obsesión. Tienta prometiendo dar lo que sólo a Dios pertenece dar. Por eso, miente en sus promesas, y da lo degradado, lo vano, lo corruptible, y aún lo mosntruoso. Lo tienta de soberbia a Jesús. Como hoy tienta a la Humanidad con un paraíso terrenal, globalizado, construido con las solas fuerzas naturales, pero sin Cristo como Señor.

Aprovechemos este tiempo. Es para renovarnos. La Misericordia de Dios quiere hacerlo.
Camino a la Pascua recordamos las palabras de San León Magno:
“Estos días de Cuaresma tienen por fin obtener un aumento en toda nuestra práctica religiosa”. Amén.


El Padre Gustavo Seivane es el Asistente espiritual de los Grupos de Oraciòn de Padre Pio en Argentina, designado por la Conferencia Episcopal.