domingo, 16 de abril de 2017

¡CRISTO VIVE! FELIZ PASCUA

CRISTO HA RESUCITADO
Exulten por fin los coros de los ángeles,
exulten las jerarquías del cielo,
y por la victoria de Rey tan poderoso
que las trompetas anuncien la salvación.

Goce también la tierra,
inundada de tanta claridad,
y que, radiante con el fulgor del Rey eterno,
se sienta libre de la tiniebla
que cubría el orbe entero.

Alégrese también nuestra madre la Iglesia,
revestida de luz tan brillante;
resuene este templo con las aclamaciones del pueblo.

En verdad es justo y necesario
aclamar con nuestras voces
y con todo el afecto del corazón
a Dios invisible, el Padre todopoderoso,
y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre
la deuda de Adán
y, derramando su sangre,
canceló el recibo del antiguo pecado.

Porque éstas son las fiestas de Pascua,
en las que se inmola el verdadero Cordero,
cuya sangre consagra las puertas de los fieles.

Ésta es la noche
en que sacaste de Egipto
a los israelitas, nuestros padres,
y los hiciste pasar a pie el mar Rojo.

Ésta es la noche
en que la columna de fuego
esclareció las tinieblas del pecado.

Ésta es la noche
en que, por toda la tierra,
los que confiesan su fe en Cristo
son arrancados de los vicios del mundo
y de la oscuridad del pecado,
son restituidos a la gracia
y son agregados a los santos.

Ésta es la noche
en que, rotas las cadenas de la muerte,
Cristo asciende victorioso del abismo.
¿De qué nos serviría haber nacido
si no hubiéramos sido rescatados?

¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros!
¡Qué incomparable ternura y caridad!
¡Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo!

Necesario fue el pecado de Adán,
que ha sido borrado por la muerte de Cristo.
¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!

¡Qué noche tan dichosa!
Sólo ella conoció el momento
en que Cristo resucitó de entre los muertos.

Ésta es la noche
de la que estaba escrito:
«Será la noche clara como el día,
la noche iluminada por mí gozo.»

Y así, esta noche santa
ahuyenta los pecados,
lava las culpas,
devuelve la inocencia a los caídos,
la alegría a los tristes,
expulsa el odio,
trae la concordia,
doblega a los poderosos.

En esta noche de gracia,
acepta, Padre santo,
este sacrificio vespertino de alabanza
que la santa Iglesia te ofrece
por rnedio de sus ministros
en la solemne ofrenda de este cirio,
hecho con cera de abejas.

Sabernos ya lo que anuncia esta columna de fuego,
ardiendo en llama viva para gloria de Dios.
Y aunque distribuye su luz,
no mengua al repartirla,
porque se alimenta de esta cera fundida,
que elaboró la abeja fecunda
para hacer esta lámpara preciosa.

¡Que noche tan dichosa
en que se une el cielo con la tierra,
lo humano y lo divino!

Te rogarnos, Señor, que este cirio,
consagrado a tu nombre,
arda sin apagarse
para destruir la oscuridad de esta noche,
y, como ofrenda agradable,
se asocie a las lumbreras del cielo.
Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo,
ese lucero que no conoce ocaso
y es Cristo, tu Hijo resucitado,
que al salir del sepulcro,
brilla sereno para el linaje humano,
y vive y reina glorioso
por los siglos de los siglos.
Amén

martes, 11 de abril de 2017

XIV ESTACIÓN. JESÚS ES PUESTO EN EL SEPULCRO

XIV – ESTACIÓN: Jesús es depositado en el sepulcro Te adoramos Cristo y te bendecimos porque con tu Santa Cruz has redimido al mundo 
José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia y lo puso en su sepulcro nuevo que había hecho excavar en la roca; luego hizo rodar una gran piedra hasta la entrada del sepulcro y se fue, (Mt 27, 59, 60). Mientras José cierra el sepulcro de Jesús, el desciende a los infiernos y se abre internamente la puerta. Aquella que la Iglesia Occidental llama “descenso a los infiernos” y la Iglesia Oriental la celebra como Anastasi, que es “Resurrección”. Las Iglesias hermanas comunican también al hombre la plena verdad de este único Misterio
“He aquí, yo abro aquí vuestros sepulcros, los hago salir de las tumbas, oh pueblo mío haré entrar en vosotros mi espíritu y viviréis (Ez 37, 12-14) 
Tu Iglesia, Señor, cada mañana canta: “gracias a la ternura y misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que surge en lo alto, para resplandecer sobre aquellos que están en tinieblas y en sombra de muerte” (Lc 1, 78-79)
El hombre, ofuscado de la luz que tienen el color de la tiniebla, empujado por la fuerza del mal, ha rodado una gran piedra y te ha encerrado en el sepulcro. Pero nosotros sabíamos que tu, Dios humilde, en el silencio en el cual te ha puesto nuestra libertad, estás trabajando para generar una nueva gracia en el hombre que amas. Entra pues en nuestro sepulcro; reaviva la chispa de tu amor en el corazón de cada hombre, en el útero de cada familia, en el camino de todo pueblo.

Oh Cristo Jesús! Todos caminamos hacia nuestra muerte y a nuestra tumba. Permítenos cerrarnos en espíritu junto a tu sepulcro. Que la potencia de Vida que en ella se ha manifestado perfore nuestro corazón, que esta Vida se convierta en la luz de nuestra peregrinación en la tierra. Amén. San Juan Pablo II.
Por aquellos que en el mundo mueren en la desesperación.

Ave María.

Oh Señor, Al término del camino de la Via crucis, no nos puedes dejar. Aunque retornemos a nuestra actividad, tu quedas dentro nuestro, habitándonos y haciendo de nosotros tu casa. Nosotros estamos destinados a mirar desde tus ojos moribundos, mientras contemplamos tu corazón atravesado. Por esto te damos gracias, porque en la oscuridad de tu pasión has hecho surgir la aurora de la esperanza; En el abandono y en la soledad de los hombres de todo el mundo has revelado tu infinito amor por nosotros. Concédenos poder ser hombres y mujeres alegres en las fiestas pascuales, en los días luminosos como en aquellos sombríos, en camino hacia tu Reino. (G. Ransenigo) 

XIII ESTACIÓN. JESÚS ES PUESTO EN BRAZOS DE SU MADRE

XIII- ESTACION: Jesús es bajado de la cruz 
Te adoramos Cristo y te bendecimos porque por  tu Santa Cruz has redimido al mundo 
Y ya al atardecer, como era la preparación es decir, la víspera del sábado, vino José de Arimatea, miembro respetado del Consejo, que esperaba también el Reino de Dios, y tuvo la valentía de entrar donde Pilato y pedirle el cuerpo de Jesús. Él comprando una sábana, lo descolgó de la cruz. (Mc 15, 42-43, 46) José de Arimatea acoge a Jesús aún antes de haber visto su gloria. Lo acoge derrotado, de malhechor, desecho. Solicita el cuerpo a Pilato para no permitir que fuera puesto en la fosa común. José pone en riesgo su reputación y quizás, como Tobías, también su vida (cfr Tb1, 15-20). Pero el coraje de José no es la audacia del héroe en la batalla. El coraje de José es la fuerza de la fe. Una fe que se vuelve bienvenida, gratuidad y amor. En una palabra: caridad. ¡Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni en la senda de los pecadores se detiene, ni en el banco de los burlones se sienta, mas se complace en la ley del Señor, su ley susurra día y noche, es como un árbol plantado junto a corrientes de agua que da a su tiempo el fruto y jamás se amustia su follaje, todo lo que hace sale bien.( Sal1, 1-3) 
Por aquellos que han muerto a causa de la violencia o de la guerra.
Padre Nuestro