domingo, 23 de diciembre de 2018

¡FELIZ NAVIDAD 2018!

PADRE PIO Y LA NAVIDAD

"El niño celestial les haga escuchar siempre en vuestro corazón todas las santas emociones que me hizo sentir en la bendita noche, cuando fue colocado en un pobre pesebre. Oh, Dios, no sabría cómo expresar todo lo que sentí en el corazón en esta felicísima noche. Sentía mi corazón desbordado de un santo amor hacia nuestro Dios humano."
Padre Pío.


I) La devoción del Padre Pío
El amor del Padre Pío por el niñito está radicado en la esfera franciscana: Como San Francisco, el Padre sentía una fuerte unión con Cristo pobre. Siempre sobre las huellas del Santo de Asís, el misterio de un Dios que se hace un pequeño niño y se entrega en las manos de la humanidad, llenaba de conmoción al Padre Pío - tanto que prefería esta fiesta a la Pascua - y educaba a sus hijos espirituales a acoger la venida de Dios.

El Padre Pío desde pequeño sentía un amor apasionado por la Navidad y, en la parroquia, junto a los otros niños, cada año, preparaba el pesebre con estatuillas modeladas con arcilla y cajitas de cartón iluminadas con luciérnagas verdaderas. La unión con la fiesta del niño Jesús se intensificó con los años: una vez, luego de una abundante nevada en San Giovanni Rotondo, fue al coro muy temprano a la mañana y, después de abrir la ventana, le dijo a un fraile que pasaba cerca que amaba la nieve porque le recordaba la Navidad, la fiesta de Dios, que, haciéndose hombre, entra en la historia de la humanidad.

Hubo un período en el cual el Padre Pío tuvo que vivir la Navidad bajo las armas. Estamos en 1916 y desde Nápoles le escribe al Padre Agostino: “Jesús ha querido también este año hacerme experimentar la amargura de la soledad de los hermanos”. Sin embargo, contó que la tarde de la vigilia de Navidad, otros sacerdotes como él querían celebrar la Santa Misa, pero la hija del sacristán, por no perder tiempo, concedió solo un breve momento de oración. El Padre Pío y sus amigos sacerdotes encontraron una escalinata interna que llevaba a una capillita y, escondidos durante la noche, celebraron el nacimiento del Niño: uno de ellos, hacía guardia, otro decía la Misa y otro servía en el comedor.

Más de una vez el Niñito se manifestó en los brazos del Padre Pío. El Padre Raffaele de San Elías en Pianisi contó: “Estaba bajando a la Iglesia para la Misa de medianoche de Navidad de 1924. El corredor estaba iluminado por una luz a petróleo. En aquella penumbra, vi que también el Padre Pío había salido de su celda y caminaba muy despacio. Estaba envuelto en un halo de luz y llevaba entre los brazos al Niño Jesús. Me quedé inmóvil, sorprendido, parado en la puerta de mi celda. Me arrodillé. El Padre Pío pasó a mi lado, radiante, y ni cuenta se dio de que era yo el que estaba a apenas dos pasos de él”.

También Lucía Iadanza, su hija espiritual, escribió en su diario un simple episodio acaecido la noche del 24 de diciembre de 1922: “Los frailes habían llevado un gran brasero a la sacristía y muchas personas estaban alrededor calentándose. Recitaban el rosario esperando la Misa. El Padre Pío oraba en medio de nosotros. De pronto, en un halo de luz vi aparecer entre sus brazos al Niño Jesús. El rostro del Padre Pío estaba transfigurado, sus ojos vueltos a esa figura luminosa que tenía entre los brazos, los labios abiertos en una sonrisa sorprendida. Cuando la visión se desvaneció, el Padre Pío, por el modo en que yo lo miraba, se había dado cuenta que yo había visto todo. Se me acercó y me dijo que no hablara con nadie”.

Los hermanos recuerdan que el Padre Pío quería que el pesebre estuviese instalado frente a

su confesionario para poder admirarlo constantemente. En la largas horas de confesión, tenía

siempre la mirada dirigida a la estatuilla del Niño Jesús.

II) Text
os útiles
Del Evangelio de Lucas, Lc 2, 8-11 15-20

Y había pastores en la misma tierra, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su ganado. Y he aquí el ángel del Señor vino sobre ellos, y la claridad de Dios los cercó de resplandor; y tuvieron gran temor. Mas el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: Que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor.
Y aconteció que como los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores dijeron los unos á los otros: Pasemos pues hasta Bethlehem, y veamos esto que ha sucedido, que el Señor nos ha manifestado. Y vinieron apriesa, y hallaron á María, y á José, y al niño acostado en el pesebre. Y viéndolo, hicieron notorio lo que les había sido dicho del niño. Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían. Mas María guardaba todas estas cosas, confiriéndolas en su corazón. Y se volvieron los pastores glorificando y alabando á Dios de todas las cosas que habían oído y visto, como les había sido dicho.

Meditación de Padre Pio sobre la Navidad

¡Cuáles y cuántas son, oh cristianos, las enseñanzas que tienen como punto de partida la gruta de Belén! ¡Oh, cómo debe sentirse encendido de amor el corazón de cada uno por el Dios que por nosotros se hizo todo ternura! ¡Oh, cómo deberíamos arder por el deseo de conducir a todo el
mundo a esta humilde gruta, asilo del Rey de los reyes, más grande que el más suntuoso palacio humano, porque es trono y morada de Dios! Roguemos a este Divino Niño que nos revista de humildad, dado que sólo con esta virtud podremos deleitarnos con este misterio lleno de divinas
ternuras. […] Todo esto lo has hecho por amor, nos invitas al amor, sólo nos hablas de amor, no nos das que pruebas de amor.

Oración al Divino Niño recitada por el padre Pío durante el periodo navideño

¡Oh, Divinísimo Espíritu mueve mi corazón para adorar y amar!

Ilumina mi intelecto para contemplar la sublimidad de este gran Misterio de caridad, de un Dios que se hizo Niño.

Enciende mi voluntad para que pueda con ella dar calor al Dios que por mí tiembla sobre la paja.


domingo, 16 de diciembre de 2018

NOVENA AL NIÑO JESÚS

ORACIÓN AL DIVINO NIÑO RECITADA POR EL PADRE PÍO DURANTE EL PERIODO NAVIDEÑO:

"¡Oh divinísimo Espíritu, mueve mi corazón para adorar y amar!
Ilumina mi intelecto para contemplar lo sublime de este gran Misterio de caridad de un Dios que se hizo Niño´
Ilumina mi voluntad para que pueda dar con ella calor al Dios que por mi tiembla sobre la paja. Amén."


NOVENA DE NAVIDAD O DE AGUINALDOS:

Por la señal de la Santa Cruz...

Acto de Contrición:

Jesús, mi Señor y Redentor. Yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón porque con ellos ofendí a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar, y confío en que por Tu infinita misericordia y por los méritos de tu Santa Infancia, me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna.

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS DE LA NOVENA:

¡Oh Divino Niño Jesús! Confiando en tu infinita misericordia y bondad, quiero hacer esta novena para presentarte con sencillez mis necesidades espirituales y materiales.

Cuando vivías entre los hombres, conversabas con tu Padre Celestial, en actitud confiada de adoración, alabanza, gratitud y petición. Así quiero que sea mi oración, especialmente en estos días de la novena.

Tú eres nuestro intercesor ante el Padre; Tú pediste por las necesidades de los hombres. Hoy te presento mis propias necesidades. Me acojo también a la intercesión de María, Madre tuya y también mi madre, para que, como Ella, me des fortaleza para aceptar y hacer siempre tu voluntad. Amén.

CONSIDERACIÓN PARA CADA DÍA:..... Día Primero... 

OREMOS


Haz Señor,
que sepamos reconocer la divinidad de tu Hijo
en la humildad de su Encarnación,
y confesar su omnipotencia
en la debilidad de su infancia,
para que, siguiéndolo con sencillez de corazón,
acojamos como niños tu Reino,
y consigamos el premio prometido a los humildes.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que por ser Dios, vive y reina contigo,
en la unidad del Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos. Amén.

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS

Acuérdate, ¡oh dulcísimo Niño Jesús!, que dijiste a la Venerable Margarita del Santísimo Sacramento, y en persona suya a todos tus devotos, estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente: “Todo lo que quieras pedir, pídelo por los meritos de mi infancia y nada te será negado”. Lleno de confianza en Ti, ¡oh Jesús!, que eres la misma verdad, vengo a presentarte mis necesidades.

Ayúdame a llevar una auténtica vida cristiana, para conseguir una eternidad feliz. Por los méritos infinitos de tu encarnación y de tu infancia, concédeme la gracia que te estoy pidiendo (aquí se expresa el favor que se quiere alcanzar). Me entrego a ti, oh Niño Omnipotente, seguro de que escucharás mi súplica y me fortalecerás en la esperanza. Amén.

CONSIDERACIONES PARA CADA DÍA DE LA NOVENA:

DÍA PRIMERO: EL AMOR DEL NIÑO JESÚS A SU PADRE CELESTIAL

"...y se oyó del cielo esta voz: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo puestas todas mis delicias". (Lc. 3, 22)

El amor con el cual el Niño Jesús ama a Dios su Padre, es el amor más ardiente, el más puro, el más perfecto; un amor superior a todo lo que podemos imaginar.
Él ama plenamente. Lo ama constantemente y sin interrupción. Todo lo que ama, no lo ama sino por su Padre.
Éste es, pues, el amor con el cual debo conformar el mío.

¡Oh dulcísimo Niño Jesús! Sólo Tú amas al Padre de los cielos con un amor infinito; pero con tu ayuda, quiero de aquí en adelante, amarlo con toda mi alma, con todas mis fuerzas y con todo mi corazón. Amén.

DÍA SEGUNDO: CELO DEL NIÑO JESÚS POR LA GLORIA DE DIOS

...Y el Niño Jesús les dijo: ¿No sabían que yo debo emplearme en las cosas que miran al servicio de mi Padre? (Lc. 2, 49)

Ninguna criatura ha deseado jamás con más ardor alguna cosa, como deseó el Niño Jesús glorificar a su Padre Celestial. Jesús vivió y se esforzó desde su más tierna edad, en hacerlo conocer, adorar, servir y amar; esta gloria era el único objeto de sus anhelos. Por ello, a la edad de doce años, se quedó en el templo de Jerusalén, dialogando con los maestros de la Ley, sin que lo supieran sus padres.

¡Oh, mi querido Niño Jesús! Enciende en mi alma ese fuego divino; destruye de mi corazón el amor propio y de todo lo que no sea Dios o a Dios no se refiera, y que sólo conserve afectos para lo que puede serle agradable y procurarle gloria y amor. Amén.

DÍA TERCERO: AMOR DEL NIÑO JESÚS A SU MADRE SANTÍSIMA

"María conservaba todas estas cosas dentro de sí, meditándolas en su corazón". (Lc. 2, 19).

Después del amor a su eterno Padre, es María, su Madre, el más ardiente y tierno amor del Niño Jesús, el dulce objeto de sus eternas complacencias. Ella es la virginal doncella que desde siempre eligió para madre suya, colmada desde el primer instante de su ser natural con la plenitud de todos sus dones y gracias divinas. Es la "llena de gracia", porque está llamada a ser la Madre purísima del Verbo Encarnado. Por tanto, si queremos agradar al Divino Niño Jesús, amemos y honremos a María.

¡Oh mi amado Jesús Niño! graba en mi alma la semejanza con tu querida Madre, y concédeme la gracia de encomendarme siempre a Ella y de amarla con los mismos sentimientos filiales de tu divino corazón. Amén.

DÍA CUARTO: AMOR DEL NIÑO JESÚS A SAN JOSÉ, SU PADRE ADOPTIVO

"...Y vino a Nazaret: y les estaba sujeto". (Lc. 2, 51).

Ciertamente que el esposo de María no era el padre natural de Jesús sino la sombra en la tierra de su Padre Celestial. Por ello, el Niño Jesús le profesó a José respeto, veneración y un filial amor.

Amor que se manifestó especialmente en la obediencia. El Evangelio nos cuenta que "les estaba sujeto". Con eso lo dice todo. Durante toda su vida oculta, Jesús es conocido como "el hijo del carpintero". El ayudante capaz y laborioso en el taller de Nazaret, el hijo sumiso a las enseñanzas y normas de su padre legal, a quien llamó con el dulce nombre de papá.

En su infancia, José fue todo para Jesús: su guardián y custodio, pues, recién nacido, lo sabrá defender de Herodes y sus secuaces. Luego será su guía y maestro que lo inicia en la vida religiosa y social de Israel, que le enseña a leer las Sagradas Escrituras.
José, como todo padre judío, supo enseñar a Jesús, desde muy niño, a orar con los salmos, como lo hacían todos los niños israelitas; con paciencia paternal lo fue introduciendo en los usos, costumbres y tradiciones del pueblo de Israel.

Jesús supo retribuirle con inmenso amor y gratitud todos sus cuidados solícitos y estuvo junto a José "sometido a su autoridad paternal hasta que el Santo Patriarca tuvo la dicha de morir en los brazos de Jesús y María.

¡Oh mi adorable Niño Jesús! Regálame la gracia de amar intensamente a San José, el árbol que no dio fruto, pero sí la sombra que te cobijó en la tierra y ahora lo glorificas en el cielo. Que yo también tenga la gracia de pasar de este mundo a la eternidad, asistido por Ti y tu Madre Santísima.

DÍA QUINTO: AMOR DEL NIÑO JESÚS PARA CON LOS HOMBRES

Dice Jesús: "Como yo os he amado, así también amaos los unos a los otros". (Jn. 13, 34).

Todas las acciones del Niño Jesús cuando vivía en Nazaret con su Santísima Madre y el patriarca San José, tuvieron por principio, después de la gloria de su Padre, el amor universal, el amor a los hombres.

En efecto, este amor fue el que lo obligó a dejar su gloria para revestirse de nuestra pobre y mortal naturaleza, y llevar una vida oscura, sometida a extrema pobreza y a toda clase de privaciones, fatigas y persecuciones, hasta morir en una cruz, y todo lo aceptó y sufrió con gusto para hacernos eternamente felices.

¡Oh mi adorable Niño Jesús! Tan amante y tan poco amado... Perdona mis olvidos y los del mundo ingrato que no piensa en Ti. Tu corazón dulcísimo que tanto ha amado a los hombres, sólo ha recibido de ellos ofensas e ingratitudes. Por este corazón herido por nuestros pecados, haz que en adelante no tenga corazón sino para amarte a Ti que eres mi único y sumo Bien. Amén.

DÍA SEXTO: SUMISIÓN DEL NIÑO JESÚS A LA VOLUNTAD DEL PADRE CELESTIAL

Dice Jesús: "Mi alimento es hacer la voluntad de mi Padre que me ha enviado hasta llevar a cabo su obra de salvación". (Jn. 4, 34).

El Niño Jesús no tuvo jamás otro anhelo que el de cumplir la voluntad de Dios su Padre; a Él ofreció el sacrificio de su corazón, rendido en todo a sus órdenes, y el sacrificio fue cumplido perfectamente hasta exhalar, por obediencia, el último aliento sobre la cruz.

El Niño Jesús llamaba su alimento la obediencia a la voluntad del que lo había enviado.

¡Oh amabilísimo Niño Jesús, que eres la santidad y la bondad misma! Te amo, y quiero constantemente estar unido a Ti. Deseo con todo mi corazón que tu santísima voluntad se cumpla en mí, en todos los instantes de mi vida. Amén.

DÍA SÉPTIMO: EL AMOR DEL NIÑO JESÚS AL SUFRIMIENTO

Jesús le dijo: "Las zorras tienen madrigueras y los pájaros del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza". (Mt. 8, 20).

El Niño Jesús, a quien se debe todo honor y amor en sumo grado, como el Unigénito del Padre que es, el Dios de la gloria, la inocencia y santidad misma, y que viniendo a la tierra pudo haber escogido una manera de vivir más feliz, según el mundo, con todo eso escogió para cuna un pesebre. Fue tan pobre mientras vivió que, en palabras suyas, "no tuvo dónde reclinar la cabeza"; toda su vida fue cruz y martirio perpetuo hasta morir entre las ignominias y los más crueles tormentos. Pero, el pensar que sus penas nos salvarías, le hizo no sólo soportable sino amable el padecer.

¡Oh amabilísimo Niño Jesús!, quiero por tu amor tener mi corazón dispuesto a hacer todos los sacrificios que exijas de mí, sabiendo que esos sacrificios me purificarán el corazón y me acercarán a Ti. Jesús, mi dulce amor, hiere e inflama mi corazón para que siempre arda de amor por Ti.

DÍA OCTAVO: HUMILDAD DEL NIÑO JESÚS

Entonces dijo Jesús: "...aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón". (Mt. 11, 29).

El Niño Jesús fue humilde de corazón. Humilde en su nacimiento, humilde en su infancia, humilde en toda su vida, no queriendo ser reconocido sino como el hijo de un sencillo artesano, "el hijo del carpintero". Más tarde, cargado de oprobios delante de los tribunales de Jerusalén, rodeado de verdugos y calumniadores, no permitió a su corazón el más ligero desahogo.

¡Oh Santísimo Niño Jesús, mi único Modelo, manso y humilde de corazón! Dadme la gracia para que, a ejemplo tuyo, sea también manso y humilde de corazón en todas las penas, enfermedades y contrariedades que en adelante me sobrevengan. Amén.

DÍA NOVENO: BONDAD Y DULZURA DEL NIÑO JESÚS

"El Niño Jesús crecía y se fortalecía; estaba lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con Él". (Lc. 2, 40).

"Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en aprecio ante Dios y ante los hombres". (Lc. 2, 52).

La bondad y dulzura fueron siempre las principales características del Divino Niño. ¡Con qué encantadora bondad y dulzura recibió a los pastores en la gruta de Belén, y a los magos... y más tarde en Nazaret, era tan atractiva la celestial irradiación de su bondad y la celestial dulzura de su hermoso rostro y divina mirada, que cautivaba a cuantos le conocían, los cuales llenos de confianza y admiración se decían unos a otros: "Vayamos a ver al hijo de José y María".

Adorable Niño Jesús, mi único tesoro... dígnate, dulce Bien mío, derramar sobre mi corazón, con la unción de tu gracia, la dulzura y bondad de tus sentimientos divinos, y por los méritos infinitos de tu Santa Infancia, regálame la gracia de un día contemplar tu hermoso Rostro en el cielo. Amén.